Las dos inscripciones santarroseñas fueron comparadas con otras de varios puntos del Ecuador, de las Antillas y de la América Meridional y se encontró semejanza entre ellas. Las inscripciones de las piedras de Caluguro son mucho más correctas, más artísticas o lapidarias. Esto manifiesta que en esta comarca occidental hubo tribus diversas, de razas distintas y de distinto origen; pues, si las piedras cuadrangulares que acabamos de descubrir, revelan la presencia de pueblos descendientes de la familia Maya; las inscripciones en las rocas son indicios de la existencia de gente de origen Caribe en esas partes. Creemos, pues, que nuestra opinión acerca del origen de los antiguos Quitos no carece de fundamentos: encontramos huellas de la raza Caribe en Occidente de nuestra República; las hallamos en el centro, ¿algún día logrará la historia aclarar el secreto, que en punto al origen y procedencia de los Caras, de los Incas, se presenta ahora como una enigma de imposible solución?.

En conclusión, las inscripciones grabadas que están enterradas en la margen izquierda del rio Caluguro, es posible que fueron hechas por miembros de razas muy antiguas, que de ellas no ha quedado en el Continente Americano otro rastro, que estas inscripciones grabadas en las rocas. 

Según documentos, uno de los grandes encomendaros de esta tierras fue don Manuel Mendieta y Jara, pero en el año 1795, fue despojado de esta zona y las tierras fueron puestas a disposición de don Vicente Cucosén, quien tomó posesión de las mismas, en el sitio Caliguro, cuyo limites aproximadamente eran: “por la parte de arriba Piedra Redonda, de esta travesía en línea recta a dar a al rio Negro, siguiendo este para abajo hasta los manglares, y de allí al rio Jumón y siguiendo este para arriba hasta los cerros y de estos en travesía línea recta a dar a la referida Piedra Redonda”. “Y todo el sitio comprendiendo bajo los deslindes narrados sin contradicción de persona alguna y a su presencia de testigos, le cogí de la mano, le hice pasear, se revolcó; arrancó yerbas, tiró piedras, diciendo tres veces: posesión, posesión, posesión lo que tomó actual, corporal virtual y velenasi, dejando amparado a nombre de su majestad y sin perjuicio de terceros que mejor derecho tenga y en las compresivas tierras de dicha comuna de indios” Miguel de Toro, Juan Manuel Mendieta y Jara, Licenciado Juan Miguel González y Maldonado, Francisco Jaramillo, Manuel de las Eras y Jaramillo, testigo José Ubaldo de Alcívar. 

En 1824, Santa Rosa aparece como posesión del Cantón Zaruma que a su vez pertenece a Loja, de acuerdo a la Ley de Colombia de División Territorial de la Gran Colombia. Dos años después, en diciembre de 1826, los vecinos de Santa Rosa, se ven inquietados por las aspiraciones de los machaleños de anexar a Santa Rosa a su jurisdicción administrativa. Se hacen las debidas aclaraciones y la movilización popular deja sin efecto tales propósitos, más en 1828 como oportunidad de la guerra con el Perú, para facilitar la defensa parte de Machala y Guayaquil. Pero, en el  año 1833 vuelve a ser parte de Zaruma y Loja por Decreto Legislativo del 16 de Octubre. 


En 1839, se puede notar una unidad entre los pueblos y clase dominante, alrededor de lograr un objetivo; depender del Cantón de Guayaquil. Sin embargo, llegado el año 1845, se nota un cambio de opinión en la mayoría del pueblo, que aspira a seguir dependiendo de Zaruma y Loja, en tanto que la minoría terrateniente, presiona ante la Convención de Cuenca, para que Santa Rosa dependa de Guayaquil. En 1849, se vuelve a insistir en la unión a Guayaquil y según acta pronunciamiento popular, se agrega en abril de 1850, pero en forma simbólica. A fines de 1855, la parroquia se agrega a Guayaquil oficialmente, pero dos años más tarde, por Decreto Legislativo, sancionado el 16 de Diciembre de 1857 y puesto en vigencia en enero de 1858, Santa Rosa vuelve a pertenecer al Cantón Zaruma y a la Provincia de Loja. 

Los santarroseños fueron eternos amantes de la libertad en 1852, Santa Rosa, toma parte activa contra el Gral. Juan José Flores y contribuyo a se exploración al Perú, Catorce Santarroseños lo esperaron en Puerto Pital, (es su puerto principal) y allí le causaron muchas bajas y tuvo que fugar al día siguiente a Tumbes. El 29 de septiembre de 1864, tuvo lugar la acción de armas que cubrió de gloria a los orenses: El combate de Jelí, en el cual las fuerzas conservadores de García Moreno, comandadas por el Gral. Flores, fueron rechazadas bravíamente. El comandante Juan Eugenio Cajamarca guerrillero liberal, seguidor de los generales Urbina, Robles, según cierta versión, fue quien disparo su arma contra el Gral. Juan José Flore y lo hirió mortalmente en la vejiga urinaria, quien al comprender su estado de gravedad viajo urgentemente a Guayaquil en el barco Smagck, pero murió el primero de octubre, a la altura de Punta de Piedra o Puná. También se ha dicho que quien le hizo el disparo fue el machaleño Chalen e incluso se ha dicho que fue un Guayaquileño de apellido Lavayen. 

Las fuerzas gobiernistas finalmente se impusieron, pero los guerrilleros, lucharon hasta no poder resistir y huyeron poco a poco, luchando metro a metro desde Puerto Pital y el centro urbano, llegaron a la Plaza, (Parque Bolívar, Plaza del mercado antiguo, donde hoy esta el edificio de los Choferes) haciendo fuego de tras de los estantes de los edificios, luego atravesaron la poza que formaba entre las calles Alfaro, Libertad, Nanni Leone Castelli y Olmedo; hasta llegar al Barrio Galápagos. De este lugar, Barrio Galápagos, el Gral. Franco, con un sentido adiós, se alejó acompañado del Gral. Pinto, Mayor Agrecés, Capitanes Casonava y Campuzano, Tnte. Icaza y otros, con don Juan Eugenio Cajamarca de práctico o guía, quien los llevó por la única vía que estaba ocupada por el enemigo, la de Pitapongo (Bellavista).